Primera quedada del Café con IA en Boadilla del Monte

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Monté un café para hablar de inteligencia artificial y acabé descubriendo cosas mías

Contenidos

Catorce vecinos, tres mesas y una tarde hablando de inteligencia artificial

Desde hace un tiempo me apunto a los eventos que se organizan en los pueblos de al lado. Es mi manera de despegarme de la pantalla y de ver gente.

Los encuentro en las revistas digitales de la zona, que publican casi todo lo que se mueve por aquí. Había veces que iban pocos asistentes, probablemente porque las temáticas resultaban poco interesantes.

Un día se me ocurrió organizar uno yo, sobre inteligencia artificial. Llevo años trabajando con estas herramientas todos los días, así que podía aportar bastante, y además me apetecía aprender de otros.

Le di muchas vueltas a cómo montarlo y al nombre. Me quedé con Café con IA porque dejaba claro el tono que buscaba: una reunión tranquila entre vecinos, con algo que tomar delante.

Tres días sin que se apuntara nadie al Café con IA

Publiqué el anuncio y durante tres días no se apuntó prácticamente nadie.

Me extrañó bastante y me dejó dándole vueltas. Me dedico a montar automatizaciones para empresas, y una parte de lo que instalo acaba haciendo el trabajo que hasta entonces hacía una persona. Eso no lo he leído en ningún informe, lo firmo cada mes.

Con ese panorama daba por hecho que una tarde para aprender a manejar estas herramientas iba a interesarle a mucha gente. Durante esos días llegué a pensar que me había equivocado de tema o de sitio.

El cuarto día empezaron a entrar. Ese mismo día se apuntaron unas diez personas seguidas, y a partir de ahí el grupo no paró de crecer hasta juntar a veinticinco vecinos. Puede que aquel silencio del principio tuviera que ver con las fechas, porque estábamos en la segunda quincena de agosto.

Lo que me pasó cuando el grupo llegó a veinticinco personas

Y aquí viene la parte que no esperaba, que tiene que ver conmigo más que con la inteligencia artificial.

Cuando vi veinticinco nombres ahí dentro, la idea de juntarnos a tomar algo y charlar un rato dejó de valerme de un día para otro. Aquella gente iba a dedicarme una tarde.

Yo ya sabía que soy muy perfeccionista, pero he comprobado que cuando hay personas de por medio, o cuando la cosa lleva el nombre de la asociación, asumo la responsabilidad de inmediato y sin pensarlo mucho. Me pasa siempre. Aquello dejó de ser una quedada y se convirtió en un proyecto.

Presido ANTAL, la Asociación Nacional de Transformación Digital, así que llevé la idea a la junta directiva y se aprobó. Con eso pude alquilar una sala de verdad y llevar proyector.

Escribí unas normas en el grupo el mismo día que lo abrí, porque cuando un grupo nace sin que nadie lo conduzca acaba en dos semanas lleno de vídeos reenviados y la gente que entró por el tema termina marchándose.

Y preparé el orden de la tarde con detalle, apoyándome en mi propia IA, minuto a minuto. Visto ahora, seguramente me pasé de vueltas para una primera quedada entre vecinos. Pero salió bien, y creo que salió bien por eso.

Cómo organicé la tarde: tres mesas, un boli y una regla

De las veinticinco personas del grupo se apuntaron quince a la primera quedada, y de esas quince vinieron catorce.

La sala tenía unos setenta metros, aire acondicionado y un restaurante justo al lado. A cada uno le pusimos su nombre en una pegatina según iba entrando.

Me presenté, conté a qué me dedico para que nadie se pasara la tarde preguntándose qué venía a venderle, y expliqué qué es ANTAL y por qué una tarde así encaja con lo que hacemos.

Después nos dividimos en tres mesas, con la misma hoja de preguntas y una regla sencilla: habla el que tiene el boli, dos minutos, y luego se lo pasa al de su izquierda. Añadí otra regla que iba dirigida a mí mismo: el que más sepa, que sea el que menos hable.

Una de las tres mesas de trabajo de la primera quedada del Café con IA
Una de las tres mesas de la primera quedada, en Boadilla del Monte.

Ahí es donde aquello se me fue de las manos, en el mejor sentido. Había preparado una tarde y lo que salió fue otra cosa.

Hubo carcajadas desde el primer minuto, cada mesa se hizo un grupo en cinco minutos y la conversación empezó a ir sola. Yo iba de mesa en mesa escuchando, y me di cuenta de que no tenía que dirigir nada.

Terminamos hablando de si esto nos está cambiando la forma de pensar y de qué va a pasar con el trabajo de la gente, que no era el guion que yo llevaba escrito.

Nos reímos mucho y nos fuimos a casa. Al día siguiente me escribieron por el grupo para dar las gracias y quedaron con ganas de repetir. Reconozco que aquella noche me acosté contento.

Ninguno de los catorce se declaró principiante

Iba pensando que tendría que resolver dudas de principiante. Ninguno se declaró principiante.

Salieron automatizaciones, programación, seguimiento médico, docencia. Gente que lleva meses resolviendo cosas de su vida diaria con estas herramientas sin que se lo haya enseñado nadie, y que no se lo había contado a nadie tampoco.

Esa fue mi primera equivocación de la tarde, y la agradecí: yo iba a explicar y me tocó tomar notas.

El aviso que me llevé: cuanto menos sabes, más peligrosa es la respuesta

La segunda equivocación me la llevé de una de las mesas. Lo dijo alguien de pasada, sin darle ninguna importancia: cuanto menos sabes de un tema, más peligrosa es la respuesta que te da.

Si no dominas el asunto, no tienes forma de distinguir un dato correcto de uno que se acaba de inventar, y te lo cuenta todo con el mismo tono seguro. Lo complicado es que a lo que más nos apetece usarla es justo a lo que no sabemos hacer, que es donde menos capaces somos de corregirla.

Llevo desde entonces acordándome de las veces que la he usado así.

Todo lo que salió esa tarde quedó recogido. Transcribí las grabaciones de las tres mesas y lo ordené en un cuaderno que está publicado en la web.

Lo hice con una condición que me importaba mucho: cada caso lleva la frase literal de la conversación en la que se apoya, y un programa comprueba que esa frase existe de verdad. Lo que no se puede comprobar, se descarta.

Es la única forma que se me ocurrió de que el cuaderno no acabe lleno de cosas que suenan muy bien y que no ha hecho nunca nadie.

👉 Cuaderno de la primera quedada: https://asociacionantal.org/cafe-con-ia/

Lo que ha sido para mí montar el Café con IA

Para mí ha sido tres cosas a la vez.

Una experiencia creativa, porque llevaba tiempo sin montar algo desde cero, sin cliente que lo pida ni factura al final, decidiendo yo cada pieza.

Un experimento social, porque no tenía ni idea de qué pasa cuando sientas a catorce vecinos que no se conocen a hablar de un tema que la mayoría maneja a escondidas.

Y un descubrimiento sobre mí mismo: sabía que soy perfeccionista, pero no había visto hasta qué punto, en cuanto hay personas o la asociación de por medio, cojo la responsabilidad entera y ya no la suelto.

Cómo venir al próximo Café con IA

En ANTAL estamos estudiando programar estos encuentros de forma periódica, porque la primera tarde nos dejó claro que hay ganas. Cuando cerremos el calendario lo anunciaremos en la web de la asociación.

Venir es gratis y no hace falta saber nada de antes: a la primera vino gente que usa la IA a diario y gente que apenas la había tocado, y las dos salieron con algo.

👉 Toda la información está aquí: https://asociacionantal.org/cafe-con-ia/

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Abel Campos

La digitalización de empresas como la tuya es lo mejor que puedo ofrecer al mundo como especialista en Herramientas Digitales; y también creo que es lo mejor que puede hacer cualquier negocio para tener una garantía de supervivencia, en este incierto siglo XXI.